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Diego Guelar: "Argentina tiene que usar ahora su oportunidad con China porque si tardamos 10 años en llegar será tarde"
Después de ser dos veces embajador en Estados Unidos, una en la Unión Europea y en Brasil, los destinos más importantes para la Argentina, Diego Guelar es el representante ante Beijing. Apasionado por estar hoy en "el centro del mundo", se puso como misión que los argentinos comprendan las fenomenales oportunidades que China ofrece para nuestro país. Cuenta que hay 300 millones de chinos ricos dispuestos a consumir productos caros, que hoy un metro cuadro en Shanghai es más caro que en París, y que los autos valen más que en Buenos Aires. En dos horas se vendieron langostinos argentinos por 36 millones de dólares, el doble de lo que vendemos a ese país en vinos en un año, y 100 millones de chinos vieron por el canal de compras cómo él mismo entregaba dos cajas con ese producto a una familia. Dice que el Presidente es el que mejor entiende el desafío. Y anticipa que un gran supermercado argentino aterrizará en abril en una zona franca para autoimportarse y vender en locales de consumo gourmet.
 ¿Cuál es el estado del vínculo entre la República Popular China y la Argentina?
– La situación se la voy a sintetizar en tres conceptos muy cortos. China necesita alimentos, no es autosuficiente, nosotros tenemos los alimentos. China no es autosuficiente en minerales y los necesita para desarrollar sus potencialidades de proceso industrial como súper potencia emergente, y nosotros los tenemos. China tiene grandes compañías tecnológicas, especialmente en energía y transporte, y tiene el financiamiento. Nosotros necesitamos esa infraestructura, en transporte y  en energía. Se complementan espectacularmente. Estamos en la agenda de China, además. Yo tuve el honor de ser dos veces embajador en los Estados Unidos y una vez en la Unión Europea y sé que no estamos en la agenda europea ni en la agenda americana. Esto hay que entenderlo no como un dato ideológico y no lo podemos cambiar, es two to tango, no podemos inventar una prioridad, tiene que ser en armonía con el otro. No nos pasa y no nos va a pasar por mucho tiempo. Esto no significa que no tengamos una muy buena relación, la solidaridad del mundo occidental en la tragedia que estamos viviendo en este momento, demuestra que somos parte de esa cultura que llamamos occidental y cristiana, pero nadie paga por eso, es parte de la identidad, pero no va a significar ni inversión ni comercio.
 También es un dato fundamental el desconocimiento que hay en la Argentina de la realidad de China, de sus posibilidades fenomenales, incluso de su cultura. ¿A qué se debe?
– Se debe a una fotografía de una China que ya no existe. Si yo tuviera que resumirlo para nosotros, diría que hay una China de 1400 millones de habitantes, con 300 millones por un lado y 1100 por el otro. La de 1100 piensa en chino, consume en chino, mira hacia adentro, como cualquier país que estuvo aislado durante tanto tiempo. Y otra de 300 millones que mira afuera, es hiperconsumista de productos extranjeros.
– ¿Capitalista, diríamos?
– Hipercapitalista. Esos 300 millones de grandes consumidores, de chinos ricos, quieren los productos extranjeros. Por eso hoy, una economía que se basaba en la estatización de los medios de producción, hoy se caracteriza por un impresionante proceso de privatización. Y se registran 15 mil empresas privadas por día. El crecimiento de las importaciones es el doble que las exportaciones. Es un proceso nuevo. Se han habilitado once zonas francas, con infraestructura de depósitos, posibilidades de complementar con procesos industriales afuera, ventanilla única, una enorme simplificación de la entrada porque China entendió que su inclusión en el mundo no es solamente a través de sus exportaciones, que las tienen organizadas. Ahora está organizando sus importaciones.
 Enorme dato para las grandes empresas argentinas, porque hay que ser grandes para tener escala para exportar a China. 
– Le agrego algo más: la agenda social china también es impactante. El planteo es que en el 2020 no va a existir más la pobreza dura. Es un proceso de incorporación anual de integración de chinos al mundo que significa una Argentina entera al mercado por año. Después hay un período al 2035, que es alcanzar una consolidación de una China de clase media integrada al mercado y al 2050, la oficialización de su condición de súperpotencia. Esto está escrito. Los planteos son muy concretos y no son literatura.
– ¿Vos ves que esos planes se van a efectivizar año a año?
– Sin duda, se van cumpliendo, es una máquina espectacular de avance. ¿Cuál es nuestra puerta de entrada? Seguro la agroindustria. Nosotros tenemos una gran capacidad de producir productos con valor agregado que todos consumimos y están en nuestros supermercados. ¿Por qué no estamos en los supermercados chinos?
– ¿Por qué?
– Porque no estamos organizados. Para vender en China hay que tener los productos en una de estas zonas francas. Nadie va a comprar una lata de tomate aquí para que se lo entreguen tres meses después. AliBaba, la gran e-commerce china, si comprás a las 11 de la mañana, en cualquier lugar que estés de China te lo entregan en el mismo día. Si lo comprás después de las 11 de la mañana, al otro día, no dentro de dos meses. La mejor experiencia se puede ver en el "Día de los Solteros", el día de los grandes descuentos, de las grandes rebajas, como el Black Friday en los Estados Unidos. Se hizo el 11 de noviembre. Se vendieron 25 mil millones de dólares en un solo día. Comparalo con las ventas del Black Friday que pueden ser 4000 o 5000 millones de dólares.
 Se vendieron en un día casi todas las exportaciones de Argentina en un año.
– Pero mire la experiencia concreta. El único producto que los argentinos teníamos realmente en oferta eran langostinos, que tienen una entrada extraordinaria en China. Entre las 12 de la noche y las 2 de la mañana se consumió el stock, 36 millones de dólares, en dos horas. Para compararte en números relativos, este año vamos a terminar con 15 millones de dólares en el año de vinos. Más del doble de facturación, en dos horas. Para seguir de cerca la experiencia, me fui a entregarle a una familia china la caja con dos paquetes de langostinos argentinos.
– No lo puedo creer.
– Fue muy lindo como episodio, además de que me vieron más de 100 millones de chinos en directo haciendo propaganda para la Argentina, porque la gente se entretiene mirando en el canal de compras, no la televisión. Le pregunté a esta familia, eran las 9 y 30 de la mañana, y me contaron que a la 1:15 hizo la compra porque el año pasado se había quedado sin producto. A la 1:15 estaban comprando y a las 9:30 estaba recibiéndolo. Esto es para plantearte que, cualquier cosa de las que sabemos hacer que está en un supermercado argentino, va a ser vendido sin lugar a dudas. Porque, además, un dato aspiracional muy importante. La gente compra por caro, no por barato. No tenés que competir por el precio, ni tenés la desventaja de la distancia.
 ¿A cuántos kilómetros culturales estamos de aprovechar estas ventajas clarísimas para los productos agroindustriales argentinos?
– La mejor señal es que después de un año y medio de prédica desde que estoy en China como embajador, y le tengo que poner nombre, es que Coto decidió estar instalado en abril en Shanghai, en una zona franca, con un centro por el cual se va a autoimportar y va a vender productos propios. Es un hecho extraordinario, que yo espero que sea seguido por otros, por Molinos, por ejemplo, que lo haga en Cantón, un mercado tan grande como el que abastece a Shanghai. Nosotros necesitamos tener la logística de la exportación, llegar a China, tener ahí en depósito los productos, venderlos en relación directa con los supermercados, nosotros desde la Embajada podemos ayudarlos.
– Estamos dando una primicia, además, que una gran cadena de supermercados va a estar en Shanghai para vender sus propios productos. ¿El Presidente comprende la importancia de esta agenda?
– A mí juicio es el que más la comprende en el Gobierno, y se involucra en forma personal. Llamó a las empresas directamente para que conozcan estas posibilidades. Yo le mandé material con información específica de los productos que están en las góndolas de los supermercados. Es verdad que tenemos un costo argentino, problema con los fletes, asuntos que hay que trabajar no solo por China, sino con todo el mundo, pero en este caso no importa. La calidad de los productos lácteos, conservas, productos cárnicos de cerdo. Recién estoy haciendo este año el trámite para habilitar la exportación de cerdos, nuestro país no tenía habilitación, Argentina no lo había pedido nunca.
– Al revés, aquí había el temor a la importación del cerdo de China.
– Nosotros pensamos en esa China invasora, que indudablemente existió y que, hasta hace diez años atrás, tenía productos baratos y de baja calidad. Esa China no existe más. Mi mujer y yo no podemos comprar nada en el barrio donde está la embajada, porque es carísimo, mucho más que Europa y los Estados Unidos. La vivienda en Beijing está más cara que en París, los autos valen el doble que en la Argentina, los restaurantes son carísimos, estos supermercados con productos internacionales son carísimos. Estamos frente a un país hiperconsumidor y carísimo. Nuestra clase empresarial piensa en la China de Mao, pero es algo que está cambiando a una velocidad extraordinaria. Es algo que no se está percibiendo, salvo por el Presidente de la República.
– ¿Argentina entonces tiene ya mismo una oportunidad?
– Sí, pero la tenemos que usar, porque al día de hoy, China es el socio principal de 120 países del mundo. Los principales países de esa lista son Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón, India, Corea del Sur. No vamos a tener este espacio para siempre, porque ese público se irá fidelizando a marcas, acostumbrando a calidades, cuando querramos llegar, si tardamos 10 años, será tarde.