.:: Editorial ::.
Vargas Llosa no entiende la Argentina

Sobre mi escritorio de trabajo tengo una foto con Mario Vargas Llosa, tomada años atrás en el departamento de un amigo en común en Madrid. Sospecho que él no tiene una foto conmigo, pero igual lo quiero y admiro.
 
Especialmente después de haberle escuchado decir anteanoche, en la megacomida por los 30 años de la Fundación Libertad, que a comienzos del siglo pasado la Argentina fue un país desarrollado, pujante, culto, el primero en el mundo en desterrar el analfabetismo. Ahora que somos lo que somos, cuánto enseña recordar lo que fuimos.
A él le cuesta entender esta declinación, que suele vincular, no sé por qué, con la irrupción de cierto movimiento creado por cierto general. En 2011 vino a inaugurar la Feria del Libro y los piqueteros intelectuales del kirchnerismo hicieron lo imposible por intentar callarlo.
Horacio González, líder de esa movida, lo tildó de autoritario, lo cual no hizo enojar a Mario, sino reír. El laureado escritor (por las dudas: hablo de Vargas Llosa, no de González) se habrá enterado de que anteayer un grupo de estudiantes impidió, a los gritos, que se hiciera el acto de apertura de la Feria. Me dicen que a esos chicos ya les dieron un carnet de afiliación a Unidad Ciudadana, el simpático nombre del kirchnerismo residual.
A Mario lo recibimos con inflación, tarifazo y trepada del dólar. Tengo dos cosas para contarle a nuestro querido amigo. La primera es que durante la comida de anteanoche me acerqué al ministro Dujovne para llevarle mis inquietudes sobre el panorama económico, y me contestó: “Tranqui, tranqui. En mayo empezará a bajar la inflación, las tarifas ya llegaron al nivel que buscábamos y lo del dólar está ligado al vencimiento de las Lebac y al reacomodamiento que está teniendo en todo el mundo. Tranqui, las cosas van bien”.
¿Entiende, querido Mario? Está todo bien, como también dijeron ahí los presidentes Macri y Piñera. ¡No les crea a los periodistas!
Lo segundo que tengo para decirle es que no se debe mirar nuestra realidad en forma aislada, sino en un contexto más grande. Estamos mal, pero podríamos estar peor. Cuando mi mujer se queja del aumento permanente de los precios, saco del bolsillo una foto de Scioli, pongo vos melodramática y le pregunto: “Decime, ¿esto es lo que preferirías, eh?”. Acepto que es un golpe bajo, pero consigo calmarla.
Otra cosa: al lado de Venezuela, lo nuestro es un paraíso. No lo digo yo, sino los miles y miles de venezolanos que están llegando al país. ¡Huyen del hambre, don Mario!
Huyen de privaciones de todo tipo, de persecuciones, de falta de libertades, de un régimen dictatorial. Y de Maduro, que viene a ser un Aníbal Fernández del subdesarrollo. Otra.
Estamos mal, pero no mueren fiscales en circunstancias extrañas. Estamos mal, hasta que escuchamos a María Eugenia. Estamos complicados, pero todavía no empezó el segundo semestre. Estamos jodidos, pero ojo: Messi va a llegar bien descansadito al Mundial.
De paso, me gustaría preguntarle al gran escritor (aclaración: hablo de Vargas Llosa, no de Aníbal) si su último libro, La llamada de la tribu, refiere a la reivindicación mapuche en el sur del país, a los jueces del fuero Federal de Comodoro Py o al reordenamiento del peronismo, que acaba de emprender Barrionuevo.
Mi pregunta no es antojadiza. Sabemos la admiración que siente por la Argentina, y lo proféticas que han resultado varias de sus obras: Travesuras de la niña mala adelantó la saga ya sabemos de quién; La casa verde, el conteo de dólares en La Rosadita; La guerra del fin del mundo, los interminables conflictos gremiales en Santa Cruz; La fiesta del Chivo, los años en que Agustín Rossi, al frente de la bancada kirchnerista, premiaba y era premiado por la sumisión del bloque; El héroe discreto, la trayectoria de Boudou, y El Paraíso en la otra esquina, las promesas de Cambiemos.
Don Mario, no quisiera que usted se lleve una impresión equivocada del país. La estudiantina en la Feria del Libro nos habla de una juventud inquieta, fervorosa, emprendedora. Si las tarifas suben, ya lo dijo el Presidente, es para que el consumo de la energía baje.
La inflación es estacional, lo cual no quiere decir que se estaciona, sino que está un poco atada a los rigores del calor en verano y del frío en invierno. La ola de inseguridad existe, aunque quizá nos estemos dejando llevar por una sensación. Y la famosa grieta ya va a pasar, como un día pasaron las diferencias entre Macri y Lilita, entre Bergoglio y Cristina, entre Pico Mónaco y Pampita y, esta misma semana, entre las dos Coreas. ¡Todos seremos Corea del Centro!
Por cierto, amigo Mario, gracias por esta nueva visita. Gracias por lo que nos dijo y por intentar entendernos. Qué merecidos aplausos le tributaron las 1200 personas que anteanoche llenaron el salón. ¿Vio qué cariñoso es el “círculo rojo”?
Como habrá podido comprobar, estamos en movimiento. Hemos dejado atrás el populismo (o eso queremos creer). Cristóbal López y Fabián de Sousa volverán a la cárcel. El PBI crece. Vamos hacia la ansiada “pobreza cero”, con pasos cortos, despacito. Cero apuro.
Un último pedido, si es tan amable. ¿Podría volver a hablarnos de la Argentina de hace 100 años?
 
 
 
Por Carlos Reymundo Roberts para La Nación