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En San Isidro
Por el mal uso de los contenedores se pierde el 50% de la basura que podrķa ser reciclada

El cálculo fue hecho en un Municipio del GBA donde tienen 7.000 tachos para recolección diferenciada: podrían juntar 4.000 kilos de papeles, plásticos y vidrios por día, pero 2.000 terminan en la Ceamse porque se contaminan con otros desechos.
A la hora de opinar, la mayoría reconoce la importancia de separar la basura en casa para facilitar el reciclaje. Sin embargo, la realidad muestra otra cosa y un dato en particular se encarga de reflejarlo, al menos en el Municipio de San Isidro, un distrito donde vienen trabajando desde hace tiempo en la separación de residuos y el reciclaje con contenedores diferenciados en las calles.
Allí, la mitad de los residuos que podrían reutilizarse se desperdicia porque los vecinos no usan de manera adecuada los contenedores.
Ahora, a través de una campaña en redes, las autoridades del Partido buscan revertir esto y crear conciencia para mejorar el cuidado del medio ambiente y, al mismo tiempo, reducir la cantidad de desechos que se descargan en la Ceamse, por las que la Comuna debe pagar entre $550 y $600 por tonelada.
El Distrito de San Isidro genera unas 17 mil toneladas mensuales de basura. A diario, en promedio, la gente separa cerca de 4.000 kilos de desechos reciclables, principalmente plástico y papel. Pero de éstos, unos 2.000 terminan yendo igual al predio de la Ceamse.
“Por el mal uso de los contenedores, estimamos que estamos perdiendo un 50% de lo que se podría recuperar. El contenido de uno de cada dos contenedores azules o amarillos no puede ser reciclado”, explica Leandro Martín, subsecretario general de Espacio Público.
Ocurre que un solo residuo que se arroje en mal estado o en el tacho incorrecto, lo contamina y todo su contenido ya no se puede procesar.
¿Qué es lo que depositan de manera equivocada? “De todo:escombros, ramas, pasto, animales muertos, o ponen las bolsas en el lugar que no corresponde”, responde el funcionario.
La campaña que arrancó esta semana tiene un fin educativo y apunta a generar un cambio cultural. “Intentamos que los vecinos se acostumbren a reciclar y lleven adelante los diferentes procedimientos, que entiendan que esto será fundamental para las próximas generaciones”, dice Martín.
Por eso, a la información online que se publica en las distintas páginas de la Comuna, sumarán charlas didácticas en escuelas primarias (públicas y privadas) que comenzarán después de las vacaciones de invierno y estarán destinadas a chicos de entre 9 y 12 años.
El compromiso de los vecinos será esencial para optimizar el ciclo de reciclaje. “Lo más difícil es hacerlo con continuidad. Sabemos que es importante, pero muchas veces por comodidad o desatención tiramos a la basura envases que podrían recuperarse. Tendríamos que convertirlo en un hábito, pero eso es lo que cuesta”, cuenta Eugenia Carreño, vecina de Martínez.
“Es frustrante -suma Cristina Sáenz, de San Isidro-. En casa hacemos un esfuerzo por separar pero después vemos que el resto tira lo que quiere en donde quiere. Esto tiene que ser un esfuerzo compartido, de otro modo no sirve de nada”.
Para facilitar el acceso a los contenedores y ampliar la cobertura, a los seis mil que había en todo el Distrito -3.600 para residuos orgánicos, 2.100 amarillos para vidrio y plástico, y 300 azules para papel y cartón-, esta semana les sumaron mil más. Cada vez que ponen nuevos, personal del Municipio recorre las zonas distribuyendo folletos y dialogando con los vecinos para estimular su uso correcto.
Además, instalarán nuevos “puntos verdes” similares al que funciona en el Paseo de Bicicletas junto al Hipódromo. Allí, en un gran depósito, los vecinos pueden dejar sus residuos de vidrio, plástico, aluminio y papel.
“Lo inauguramos en septiembre y, desde ese momento, su uso creció un 400% -asegura el funcionario-. Por eso, nuestro objetivo es abrir uno en cada localidad durante el año próximo. El siguiente estará ubicado en Villa Adelina”.
El camión de la empresa Cliba que levanta los reciclables pasa tres veces por semana por cada cuadra y todos los días por los centros comerciales de las diferentes localidades.
“Lo que recogen lo llevan al centro de diferenciación de la Comuna que está en Villa Adelina –describe Martín-. Allí, personal municipal se encarga de procesarlo, separarlo y enfardarlo”. Después de eso, lo producido es entregado a la ONG “Eco Raíces” que lo distribuye en plantas que lo compran para reciclarlo. Todo lo que se recauda se destina a la cooperadora del Hospital Materno Infantil.