.:: Editorial ::.
Los cuadernos y la credibilidad

En todos los partidos hay todo tipo de gente. No cabe formar una coalición de gobierno con grupos políticos rechazados por los partidarios de Macri, que lo respaldan justamente porque no se parece a ellos.
 
Hace poco fue elegido presidente de la segunda democracia presidencialista más antigua del mundo Andrés Manuel López Obrador. Desde la elección de Alvaro Obregón en 1920, todos los presidentes mexicanos fueron electos en la fecha prevista por las leyes y terminaron su período. Aquí en México es impensable que los militares o los eclesiásticos se inmiscuyan en la política, que es asunto de ciudadanos y de partidos. López Obrador es el primer presidente que no pertenece al PRI o al PAN en un siglo, representa un cambio radical, pero nadie pregunta cuánto va a durar. Todos saben que un presidente elegido termina su gobierno cuando lo establece la ley. Como en Colombia, Chile, Uruguay y casi todos los países latinoamericanos, no cabe la idea de que otros políticos puedan dar un golpe.
 
Inestabilidad. En Argentina la norma ha sido la inestabilidad política. Ningún presidente radical completó su período desde la elección de Yrigoyen en 1928. A los peronistas no les fue mejor. El primer gobierno de Perón terminó con el golpe de 1955, Cámpora renunció a los pocos meses de elegido, el segundo gobierno de Perón terminó con el golpe militar. En la crisis de  2001 se sucedieron varios gobiernos peronistas que duraron pocos días. Unicamente culminaron Menem y los Kirchner. Algunos creen que un gobierno no peronista necesita incluir en su gabinete a peronistas para terminar su período. Esta superstición no tiene fundamento porque eso no ocurrió nunca, pero está tan arraigada que todavía hay quienes piden al actual gobierno que convoque al peronismo porque solo así recuperará la confianza del mundo.
 
No se percatan de que la imagen del peronismo está devastada a nivel internacional. Los cuadernos de Centeno revelaron  un caso único en el mundo. En todas partes ha habido empresas que hacían lobby para conseguir contratos, pero lo excepcional es que según los arrepentidos existió una asociación ilícita en la que participaban funcionarios del más alto nivel, encabezados por el presidente de la República, que chantajeó masivamente a las empresas que contrataban con el Estado. Al ser una actividad dirigida a ese nivel y durar una década, el monto del atraco llega a cifras inimaginables. El escándalo dañó severamente la imagen del país y bajó la confianza en Argentina.
 
La prensa extranjera dio espacio a detalles hilarantes de esta historia. En pocos casos hubo monjas de claustro que cargaron bolsos con dólares para esconderlos en su convento. Un empleado bancario amigo del matrimonio Kirchner terminó acumulando tierras más extensas que el Estado de Israel. Los testigos dicen que el avión presidencial viajó repleto de billetes a una pequeña ciudad del sur, en la que no se puede hacer nada con ellos. Nadie en su sano juicio podría invertir en este país si es posible que vuelva este tipo de dirigentes. (Fuente www.perfil.com). El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de "share" o directamente comparta la URL. Por cualquier duda por favor escribir a perfilcom@perfil.com
 
La manía de registrar en detalle lo que ocurre produjo catástrofes, como Perú con Montesinos o Nixon en el Watergate Registros.
 
Normalmente los empresarios dedican su dinero a producir. Los nuevos ricos del socialismo del siglo XXI acumularon riqueza que no sabían para que servía, la usaron para una ostentación vergonzante, comprando automóviles de alta gama, joyas, lapiceras de cientos de miles de dólares, que a veces exhibían y a veces escondían. La señora de un sindicalista mafioso tenía un diamante en cada diente, aparentemente hay miles de millones de dólares escondidos en el sur. Para muchos es difícil entender para qué pueden servir toneladas de billetes que ni siquiera pueden gastar.
 
Centeno es un personaje especial, pero la manía de registrar en detalle todo lo que ocurre ya produjo antes otras catástrofes. Vladimiro Montesinos filmaba todo lo que hacía Alberto Fujimori, y cuando acabó el gobierno aparecieron en sus películas personajes gobiernistas y de oposición que terminaron presos gracias a su prolijidad. Algo semejante pasó con Richard Nixon cuando grabó sus propias conversaciones telefónicas que confirmaron su participación en el Watergate.
 
El chofer de Baratta escribió una relación tan detallada de lo que hacía su jefe, que acumuló indicios que ponen en problemas a muchas personas y empresas que trabajaron con el gobierno kirchnerista. Si había una recaudación diaria, si el sistema extorsivo estaba tan organizado, si el trato violento y despectivo del matrimonio con sus allegados era tan brutal como dicen los testigos, es difícil imaginar que muchos funcionarios importantes de ese régimen no hayan sospechado lo que ocurría. Por lo demás, cuando aceptaron colaborar con ese gobierno sabían los antecedentes de sus jefes. No es que se produjo un cambio brusco y quienes habían sido estadistas pulcros en la provincia se transformaron en lo que el juez llama líderes de una asociación ilícita. Muchos de ellos trabajaron en Santa Cruz de la misma manera durante muchos años.
 
En el drama de Priestley Ha llegado un inspector, a la casa de una familia normal llega un policía que conversa con todos sus integrantes. De cada diálogo sale una nueva pista que devela la terrible realidad que compartían sin saberlo. Al final de la obra todo cambia, se demuele una ilusión, las relaciones entre esas personas nunca volverán a ser las mismas. Con los cuadernos de Centeno pasa algo semejante: su aparición produjo una avalancha de confesiones y acusaciones, muchos hechos de la década pasada cobraron significado, desde el programa Sueños Compartidos que destruyó a personas que habían luchado por ideales dignos y acabaron como ridículos grupos de choque del gobierno, hasta sindicalistas que habían convertido a sus organizaciones en negocios para ellos mismos y sus parientes y un juez que dirigía una banda de delincuentes. Se evidenció un estado de descomposición de la sociedad que está mas allá de cualquier límite. Las relaciones entre los peronistas no volverán a ser las mismas, tampoco las que tienen con la gente.
 
Vivimos un ambiente maniqueo, en el que se tiende a juzgar todo en blanco y negro
 Algunos se alegran de que aparezcan tantos escándalos porque quieren que la ex presidenta y sus colaboradores paguen sus culpas, que quienes se hicieron millonarios devuelvan lo que se llevaron y que los empresarios que fueron víctimas del chantaje sean perseguidos. Vivimos un ambiente maniqueo en el que se tiende a juzgar todo en blanco y negro. No es cierto que toda persona que trabajó con los Kirchner o fue su partidario sea delincuente, tampoco que todos los peronistas son lo mismo. En los debates sobre el aborto y la ley de extinción del dominio las intervenciones más brillantes fueron las de Miguel Angel Pichetto, al mismo tiempo que una señora de su partido mostraba una extrema ignorancia preguntando en dónde está Santiago Maldonado.
 
Manicomio. En todos los partidos hay todo tipo de gente. No cabe formar una coalición de gobierno con grupos políticos rechazados por los partidarios de Macri, que lo respaldan  justamente porque no se parece a ellos. Si llegan a Ezeiza los presidentes de los países más importantes del mundo y aparecen a saludarlos en nombre del presidente Julio Bárbaro golpeando un bombo y Guillermo Moreno con sus guantes de box es posible que huyan suponiendo que se volvió a instalar el manicomio.
 
Algún periodista importante propone que se forme un gobierno de coalición nacional, que incluya a todas las fuerzas políticas para que hagan un gran ajuste. Esto es como pedir a Macri que integren al gabinete a todos los políticos que describe Centeno y les entregue el control de la obra pública. En la esencia de la democracia está el que existan conflictos, que varios grupos políticos defiendan los diferentes intereses que tienen los heterogéneos sectores que conforman la sociedad. Cada uno de ellos tiene sus ideas, su forma de ser y actuar, es imposible que se fundan en un partido único, pero todos deben aprender a escuchar al otro, a acoger sus sugerencias.
 
Lo que no es democrático es fomentar el golpismo, las movilizaciones permanentes y los intentos de saqueo financiándolos con la enorme liquidez que quedó de un saqueo anterior. Sobre la espontaneidad de los saqueos es interesante consultar el excelente libro de Ceferino Reato Doce noches para entender que nunca son protagonizados por los más pobres, sino por políticos que actúan con un fin desestabilizador.
 
Algunos analistas y políticos locales tienen mucha experiencia, han participado del equipo de presidentes exitosos de varios países o tienen una inteligencia extraordinaria que les permite ordenarle a Macri cómo gobernar. Creen que su buen gobierno de la Ciudad de Buenos Aires durante ocho años fue fruto de una prolongada serie de coincidencias. Los presidentes más importantes del mundo respetan a nuestro presidente porque no saben nada de la política comparados con nuestros comentaristas locales.  Algunos dicen que la imagen de Macri está destrozada porque tiene 47 positivas y 50 negativas. Es la primera vez que sus cifras están por debajo de las mejores cifras de los ocho años del mandato de Cristina Fernández, cuando alcanzó 51 positivas y 49 negativas, seis meses después de la muerte de su esposo. Es cierto que Mauricio ha caído, pero desde los números excepcionalmente altos que tenía, comparables solamente a los que logró Néstor Kirchner en sus mejores momentos.
 
Ofensiva. Nunca se vio una ofensiva tan brutal como la de algunos medios en contra de Marcos Peña, uno de los políticos más preparados del país, con una honestidad a prueba de balas, excesiva para una política tan anómica. Algunos lo atacan porque no entienden la política moderna y otros porque han fundado una sociedad paralela a la del helicóptero, la sociedad de añoranza de los sobres. Un principio de la democracia es dejar que el presidente gobierne con la gente en la que confía. Si lo hizo bien o mal solo se podrá juzgar al fin del mandato, que llegará en la fecha que establece la Constitución.
 
Jaime Duran Barba *Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino. (Fuente www.perfil.com).